PEQUEÑA MÁGICA

23 ago.

¿Qué es peor que perder algo? Saberlo antes de que suceda.

Se agachó en cuclillas para verla en su escondite habitual bajo el escritorio de su studio, su lugar elegido siempre desde que son 4 en esta familia. Se pone a llorar… en una pausa su cuerpo se achica mágicamente y empieza a trepar por las patas metálicas del escritorio, sube hasta donde está la pequeña. Haciendo un gran esfuerzo lo logró, la abraza profundamente y la pequeña hace el gesto de siempre, como si no le importara nada. Pero ella sabe lo que le importa y lo que no. Sus ojitos amargados le han dado tanto amor en sus peores momentos de bajoneo existencial, parece que la mira con indiferencia, pero ella conoce a la pequeña.

Sus riñones no están trabajando, la pequeñita tiene derecho a estar incómoda con el mundo tal, ella también lo estaba desde que nació, la entendía completamente. Ya no importaba nada, podía abrazarla con sus 4 extremidades, como una araña, los brazos alrededor de su cuellito y las piernas en donde cayeran. Ahora la pequeña gata es una puma gigante, entonces ella puede llorar libremente por la pequeña, por ella misma, por todo.

El bonsai de 3 años parece estar muriendo. Llegó a casa hace 14 meses, enfermó justo antes de la mudanza, casi al tiempo de la última gran recaída de la pequeña. No sabe qué energía absorbe a otra, pero busca creer en algo. Sus pequeñas ramas débiles se parecen mucho a las patitas rapadas y delgadas de la pequeña mágica.

Decidió grabar vídeos y tomar más fotos de lo usual, todo donde aparezca ella. Se echa en el mueble junto a la ventana, adora ese espacio donde cae una luz especial, una donde se fusionan el resplandor del mar y del sol tardío de este verano forzado.

Busca mil formas para recuperar a su pequeña, también al bonsai… decide creer que volverán a brillar junto a la ventana.

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